lunes, 1 de febrero de 2021

Las cantinas

 Las cantinas de White fueron un suceso. Durante varios años los fines de semana eran visitadas por centenares de hombres, mujeres y menores del pueblo, de Bahía Blanca y de la zona.

Las cantinas proliferaron. Además de la de Miguelito, Tulio, Il Vero Tulio, se abrieron Zingarella, Marechiare, El Barquiño... Al lado de Il vero Tulio estaba la de Micho, llamada El Griego. Era de Demetrio Cavadas, en el Empedrado. Cavadas murió a los ochenta y ocho años, en 1992.

Pasó el boom de las cantinas. Se cerró un ciclo. Actualmente quedan muy pocas. Eso sí, buenas, como corresponde a una tradición que no se puede traicionar.


Extraído de "Historietas Whitenses", de Ampelio M. Liberali. Museo del Puerto. Edición de la Cocina del Puerto de Ingeniero White. Bahía Blanca. Octubre de 1994; p. 40.

lunes, 18 de enero de 2021

Piove... non piove

 El doctor Santiago Milozzi, hijo de los dueños del restaurante de la calle Guillermo Torres, cuando ya la casa había cesado su actividad, fue una noche a la cantina de Tulio en el Jockey Club. Carmelo Lupo, el cantor de la casa, iba de mesa en mesa dedicando sus canciones a los comensales. Después de cantar un par de canciones le decía casi al oído de Milozzi: Piove... non piove... mi pare che piove, ma non piove...

Milozzi, intrigado, salió a la calle. El cielo estaba estrellado. Ni una mísera nube empañaba el brillo de la luna. Volvió a la mesa y llamó a Tulio: Este tipo dice que llueve, ¡pero no llueve...! Tulio le hizo señas con los dedos y sin decir palabra, le explicó que lo de "piove, non piove", era la manga de la propina... Milozzi sacó un billete de cincuenta pesos y se lo dejó a Lupo. Una fortuna, ¡cincuenta pesos!


Extraído de "Historietas Whitenses", de Ampelio M. Liberali. Museo del Puerto. Edición de la Cocina del Puerto de Ingeniero White. Bahía Blanca. Octubre de 1994; p. 40.

lunes, 26 de octubre de 2020

Los avivados de siempre

 Los hermanos Milozzi eran tipos muy honestos y de gran inocencia. Más de una vez aparecieron allí algunos muchachones sin escrúpulos que comían y bebían bien. A la hora de pagar le decían al mozo:

- Nos vamos, eh ¡Paga Mongo...!

- Está bien -decía el ingenuo patrón y se quedaba esperando que algún día apareciera el Mongo Paganini...


Extraído de "Historietas Whitenses", de Ampelio M. Liberali. Museo del Puerto. Edición de la Cocina del Puerto de Ingeniero White. Bahía Blanca. Octubre de 1994; p. 39.

lunes, 12 de octubre de 2020

Casas de comida, pero no cantinas

 Hubo muchas casas de comida en White. No eran cantinas. Se las solía llamar fondas pero algunas eran restaurantes de muy buena calidad. En este repaso por los tiempos idos no vamos a recordar todas las que alimentaron a una población heterogénea y voraz como correspondía a gente de trabajo duro y viril, porque la lista nunca resultaría completa. Pero un repaso más o menos superficial incluiría entre muchas otras a la de los hermanos Milozzi, la Italo Argentina, de Carlos S. Camagni; la de Tamarisco Verde, pegadita a la cancha de pelota de la calle Harris; la del Gordo Ciampichini, en Harris y Plunkett, frente a la zapatería de Berdini; la cafetería de Joaquín Lemus en Mascarello y Harris...

Extraído de "Historietas Whitenses", de Ampelio M. Liberali. Museo del Puerto. Edición de la Cocina del Puerto de Ingeniero White. Bahía Blanca. Octubre de 1994; p. 39.

lunes, 21 de septiembre de 2020

Dos goles de Lazzatti

 Huracán nunca le había ganado a Comercial. Y en la propia cancha de Comercial le estaba ganando 2 a 0, cuando faltaban diez minutos. Parecía que se le daba...

Esa tarde Ernesto Lazzatti jugaba como insider derecho porque su puesto habitual de centro half estaba muy bien ocupado por Santos Ursino. El arquero de Huracán era Martínez, capataz de los serenos. De los serenos laburantes, no jugadores que ostentaran serenidad.

Los delanteros de Comercial eran Pipo Luciani, Lazzatti, Aguedo Ursino, Schieda y Vicente Angelozzi. Atacaban con todo porque el partido se les iba de las manos y la rivalidad con Huracán era feroz. 

Corner para Comercial. Tira Luciani, cabeza de Lazzatti dentro del área chica y 1 - 2. Faltan un par de minutos. Otro tiro de esquina. Vuelve a ejecutar Luciani, como el anterior. Otra vez cerrado, a la olla, y otra vez aparece Lazzatti: GOL.

El 2 a 2 final posterga la alegría de la gente del Boulevard XX. Y alivia la tensión vivida por los hinchas de Comercial. Y hay quienes dicen que en el segundo gol, Lazzatti se anticipó en casi medio siglo a "la mano de Dios", con que Diego Maradona le hizo pito catalán a Peter Shilton, el arquero inglés que atajó en el campeonato mundial de México en 1986...


Extraído de "Historietas Whitenses", de Ampelio M. Liberali. Museo del Puerto. Edición de la Cocina del Puerto de Ingeniero White. Bahía Blanca. Octubre de 1994; pp. 38 y 39.

lunes, 14 de septiembre de 2020

Una visita de River Plate

 En 1946 River Plate visitó White. Iba en el equipo Alfredo Distéfano, que un año antes había jugado en Huracán. La entidad de Patricios no adquirió su pase, valuado en ciento cincuenta mil pesos y se perdió a uno de los más grandes jugadores argentinos de todos los tiempos.

A River lo había invitado Comercial, que estaba representado por Juan Berecoechea, Constantino Tejerina, José Andreanelli y otros directivos. Se sirvió un chupín en la cantina Royal y Tito Pérez que había comprado la Royal en el 45 lo cotizó a pesos 1,20...

La agrupación Arriba Comercial, de la que Tulio Angelozzi era presidente, tuvo a su cargo la organización del acto de agasajo. Presidía el club porteño Antonio V. Liberti. A la hora de los discursos dijo:

- Aquí, en este pueblo de chapas y madera, nació un gran jugador argentino: ¡Ernesto Lazzatti!

Y Lazzatti no era de River. Estaba en su mejor momento en Boca, campeón en el 43,44, segundo de River en el 45 y de San Lorenzo en el 46.


Extraído de "Historietas Whitenses", de Ampelio M. Liberali. Museo del Puerto. Edición de la Cocina del Puerto de Ingeniero White. Bahía Blanca. Octubre de 1994; p. 38.


lunes, 31 de agosto de 2020

Nace la cantina de Tulio

 

Tulio era amigo de un tipo de Buenos Aires que había caído a White de carambola. Estaba noviando con una hermana de Tulio, Etelvina, y habían fijado la fecha del casorio a un mes vista. Su nombre era Alfredo Yaguedú.

Un día estaban en la vinería de Lombardo y Sardi y el tipo le dijo:

- ¿Quiere que le haga una cazuela...?

- ¿Y eso qué es...?

Hizo la cazuela: calamares, mejillones... un manjar salió. Sabía de todo el tipo. Cocinaba, pintaba, escribía. Después se supo que era amigo de Victoria Ocampo.

A Tulio se le prendió una lamparita. Más, una usina se le prendió:

- ¿Qué le parece si aquí abrimos una cantina...?

- Usted está loco. ¿Al frente una vinería y atrás una cantina...?

- Sí... ¡postergue el casamiento y la ponemos! -le dijo Tulio.


A Fontán y Luciani le compraron sillas y bancos: a Candell la mesada; Sabino les hizo la cocina a pagar ocho pesos por mes. Y el 7 de abril de 1960 se abrió la cantina Tulio, en Elsegood casi Mascarello.

El cocinero también pintó las paredes con motivos del puerto: los elevadores, los barcos, todo. Tulio era el mozo. Carmelo Lupo cantaba tangos. Fue un éxito total. La tuvieron que ampliar cuatro veces.

Comenzó una etapa gloriosa. Y cuando ya no hubo más lugar para agregar, se fueron al salón del Jockey Club, donde el cine ya no era negocio. Y allí la cantina se llamó Il vero Tulio. Tenía la cocina a la vista.


En Il vero Tulio había capacidad para cuatrocientos comensales abajo y ciento sesenta arriba. Funcionó allí entre 1967 y 1980. Allí Tulio le cantó "Leguisamo solo", al mismísimo Legui, que fue con Mineral y Pedro Olgo Ochoa. Y en la última noche de la cantina, cantó allí Nicola di Bari. También estuvieron Juan Manuel Fangio, Norma Aleandro, Raúl Alfonsín, Vicente Solano Lima, Valeria Lynch, Néstor Fabián... Cuando un buen departamento costaba unos cuatrocientos mil pesos, hacían cajas de tres millones. Podría haber comprado varios departamentos por año.


Extraído de "Historietas Whitenses", de Ampelio M. Liberali. Museo del Puerto. Edición de la Cocina del Puerto de Ingeniero White. Bahía Blanca. Octubre de 1994; pp. 37 y 38.