. El Ferrocarril Sud construyó dos estaciones. La primera estaba a unos 500 metros de la seguna, a la altura del galpón de máquinas actual. El 2 de marzo de 1890 el gobierno nacional aprobó su instalación y en poco tiempo se construyó.
. Años más tarde, cuando las circunsatancias lo determinaron, fue levantada y trasladada a la vera del pueblo naciente, que ya comenzaba a tomar forma con el constante aumento de su población. Los puertos trabajaban a todo vapor y el movimiento ferroviario era intenso y creciente. Las casas estilo palustre se multiplicaban.
El edificio de la nueva estación resultó de enorme utilidad durante muchísimos años. Pero muchas cosas cambiaron en el país y un día nuevas circunstancias le quitaron actividad. La nueva-vieja estación ya no fue útil al tránsito ferroviario y se convietió en una pieza de museo. Una pieza de museo que era orgullo de la comunidad.
Pero un aciago día cercano a fin de año, manos criminales la incendiaron, Impunemente, como tantos delitos aberrantes, que siguen sin sanción. Sin sanción de la justicia, porque en el alma de todos los whitenses los cobardes que encendieron las mechas ya están condenados para la eternidad.
Y también sus conciencias, si es que la tienen, los castigarán con el insomnio de los delincuentes. Hasta el último día de su estúpida vida.
Extraído de "Historietas Whitenses", de Ampelio M. Liberali. Museo del Puerto. Edición de la Cocina del Puerto de Ingeniero White. Bahía Blanca. Octubre de 1994; p 68.